La psoriasis es una enfermedad autoinmune de la piel bastante conocida. Casi todo el mundo ha oído hablar de ella o conoce a alguna persona que la padece o la ha sufrido, pero pocos saben que este trastorno puede afectar también a la cavidad oral. En parte, el desconocimiento se debe además de a su baja prevalencia, a que puede confundirse con otras afecciones de la boca, como la lengua geográfica.
Las lesiones que provoca la psoriasis suelen darse en la mucosa, la lengua y los labios. Los síntomas más comunes son:
- Placas blancas, amarillentas o grisáceas
- Eritemas (enrojecimiento) en la mucosa o el paladar
- Cambios en el gusto, con apreciación diferente de los sabores de los alimentos.
- Lengua fisurada
Para no confundirla con otras patologías orales, se tendrá muy en cuenta la historia clínica y los antecedentes del paciente a la hora de hacer el diagnóstico porque, aunque aún no está del todo clara su etiología, la investigación apunta a que tiene un componente genético.
Entre las pruebas para afinar el diagnóstico está la recogida de muestras para analizarlas y descartar otras enfermedades, como infecciones por hongos del género Candida, que provocan placas blancas, dolor y ardor en la boca; el síndrome de Reiter, una enfermedad inflamatoria, o leucoplasia, caracterizada por placas blancas en la mucosa bucal.
Tratamientos y buenos hábitos
Es bastante normal que quienes tienen psoriasis cutánea también la padezcan en la boca, siendo bastante común que las lesiones en la piel y en la boca aparezcan y desaparezcan a la vez. Pero en ninguno de los dos casos es contagiosa, por lo que los pacientes deben estar tranquilos, sin dejar de acudir por ello al especialista para el diagnóstico y el tratamiento.
Hay diversos medicamentos que ayudan a reducir las molestias y mejorar los síntomas. Por ejemplo, existen tratamientos orales para disminuir el dolor o la hinchazón y tópicos en forma de geles o enjuagues, combinándose ambos en muchas ocasiones.
Además de los fármacos, es aconsejable que el paciente lleve hábitos saludables, reduciendo el estrés y evitando factores de riesgo como el tabaco. Asimismo, es muy recomendable acudir a revisiones periódicas, incluso cuando los síntomas remitan o desaparezcan.

