VAYAMOS TODAS (Y TODOS) JUNTOS AL 8 DE MARZO. DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER.

Un 2 de noviembre de 1793, en plena Revolución Francesa, una mujer fue llevada a la guillotina, condenada en un proceso sumario, sin abogados, por defender unas leyes que también igualaran en derechos a las mujeres y a los hombres.

Hablamos de Olimpia de Gouges, una mujer que perdió la vida en un momento en el que se fraguaron los principios fundamentales del Estado que hoy suscriben todas las naciones occidentales y partidos políticos de uno y otro signo. Los adalides de esta revolución, cuyos valores rigen aún nuestros textos constitucionales, no quisieron aceptarlo.

Hoy celebramos el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer. Las mujeres están en primera línea del debate social y político. La sociedad española no es indiferente. Mujeres procedentes de todos los ámbitos, edades, estrato social, convicciones y desde la pluralidad de ideas, se sienten concernidas, reivindican, debaten, reflexionan…

La opinión pública se ha visto conmocionada, a través de los medios de comunicación por agresiones repugnantes, violaciones en grupo, y pocos se atreven a cuestionar la violencia machista, ante las insoportables cifras que se registran cada año de casos de maltrato y asesinatos de mujeres. En ocasiones, también de sus hijos e hijas.

La violencia de género no tiene justificación en el debate público. Pero los comportamientos machistas están en plena vigencia. En privado, en los comportamientos, en el humor, en la publicidad, en el sexismo obvio de nuestro día a día, en nuestros hogares, grupos de amigos, centros de trabajo, en el recreo de los colegios… nos queda mucha tarea por recorrer.

También nos debe hacer reflexionar la primacía del hombre en ámbitos sociales, en los escalafones de las empresas, en los principales ámbitos de toma de decisión, al frente de los partidos, sindicatos, patronales, multinacionales, o en los rectorados de las universidades.

Sobre la mesa están asuntos vitales, como el reparto de responsabilidades en el hogar y la conciliación familiar (ampliación de los permisos de paternidad y maternidad, jornadas más humanas y flexibles que nos permitan disfrutar de nuestro tiempo libre o de nuestros hijos/as); la brecha salarial (las mujeres siguen siendo de manera abrumadora las que dejan de trabajar de manera total o parcial para el cuidado de hijos y familiares, lo que redunda en su carrera profesional y su futura pensión), o la discriminación laboral.

Por eso el FEMINISMO (palabra que todavía genera incomodo y rechazo en ámbitos de la sociedad, pese a estar recogida en nuestro diccionario de la RAE como el principio de igualdad de la mujer y el hombre) debe ser tarea de todas y de todos. Podríamos hacer un ejercicio, desde luego educando en estos valores a nuestras hijas e hijos desde la cuna, pero también, mirando la vida de una manera nueva –como decía recientemente la periodista María Grijelmo—revisando nuestro pasado, nuestros valores y nuestra cultura.

El feminismo es tarea, pero también patrimonio de todas, por encima de partidos e ideologías (en las próximas elecciones están llamadas a votar 36,8 millones de personas y las mujeres son un millón más), y un concepto de la política que en ocasiones distorsiona la realidad, polarizando en bandos irreconciliables entre sí, y a paradojas como la que llevó a la guillotina a Olimpia de Gouges, en plena ebullición de los derechos de la ciudadanía.

Esta semana os contábamos cómo mujeres dentro de la ciencia y de la odontología habían luchado dentro de un mundo de hombres sin llegar a ser reconocidas en su profesión. Vayamos todas (y todos) juntas al 8 de marzo para seguir un camino que abrieron paso por la lucha de la igualdad.

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